A todos los entrenadores de niños del mundo

Practicar deporte es maravilloso, pero ver como lo practican tus hijos no lo es menos. Sin duda, se trata de una actividad que complementa su desarrollo personal, pero que no siempre trae de la mano satisfacciones, y no me estoy refiriendo a lo de ganar o perder.

En el caso de un deporte que conozco bien, el baloncesto, su práctica requiere no solo de unas determinadas instalaciones, de los chicos o chicas suficientes para formar la plantilla… A mi modo de ver, requiere de dos cosas básicas: buenos entrenadores y unos principios.

Un buen entrenador puede lograr que un niño se lo pase bien y mejore, mientras que un entrenador de chichinabo simplemente querrá obtener resultados y probablemente lo condene por no complacer sus expectativas de frustrado profesional, que es lo que hay detrás de algunos de estos siniestros personajes. Y es en esta dinámica donde lamentablemente muchos niños acaban convirtiendo lo que tiene que ser un mero divertimento, en una experiencia negativa. Y la culpa de todo ello es que nos estamos olvidando de que los entrenadores tienen que ser formadores, que para gestionar a un grupo humano hay que saber distinguir sus emociones, que los chicos necesitan que les concreten qué es lo que tienen que mejorar… Por tanto, lo de saber la técnica del baloncesto o de cualquier otro deporte se convierte en algo más, no necesariamente en lo fundamental, especialmente sin hablamos de la formación en categorías inferiores. Y este planteamiento me lleva a creer que al igual que hay personas que tienen carnet de conducir y son un peligro en la carretera, también las hay que dirigen equipos y no saben distinguir que detrás del aliento, la palabra y el respeto a sus chavales está la llave del crecimiento de cualquier buen deportista y, algo mucho más importante, de cualquier buen ser humano.

El otro aspecto al que me refería son los principios. Y los principios son los que nos permiten tener claro que no todo vale. Que no vale ir de crack si le robas oportunidades a tus compañeros, si no eres generoso con ellos. Que no vale jugar más minutos por hacerle la pelota al entrenador o que se la haga tu padre, o porque simplemente este goce de una situación de ventaja de cualquier tipo… Los principios son los que nos permiten movernos en el terreno de la corrección, aquel que hace crecer buenas personas y también con mayores posibilidades de ser buenos deportistas.

Se trata de un problema de educación en el que llegará un día en el que nos daremos cuenta de que todo el mundo no puede ser entrenador. A todos nos gusta ganar pero, afortunadamente, a todos no nos gusta hacerlo a cualquier precio, ¿no creéis?

1 comentario
  1. Jordi says:

    Tienes toda la razón Carlos, hay gente que interpone sus logros sin pensar en el mal que está haciendo a los demás y más cuando esa gente son niños haciendo un deporte, que en edades tempranas lo ultimo que quieren es que les digan que hagan cosas que sabe tanto el entrenador, los padres y el niño que por mucho esfuerzo que intenten hacer, no llegaran a tal exigencia, repito a edades tempranas. Creo en el buen uso de la disciplina y en el creer en uno mismo, pero con sus limitaciones.

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