¡ Basta ya de caretas ! Estoy encantado de ser vendedor

Nuestro país vive principalmente de los servicios y, en consecuencia, uno de los perfiles profesionales más demandado es el de comercial. La pérdida de tejido industrial ha hecho que además esta circunstancia se haya acentuado durante los últimos años. Pero en líneas generales, dedicarse a la venta sigue estando mal visto socialmente. Curiosa y desafortunada paradoja, arraigada en las entrañas de nuestra cultura. Prueba de ello que es que para no poner en una tarjeta el cargo de vendedor nos hemos inventado sustitutivos como los de consultores o asesores, que dicen que lo viste mejor.

Antiguamente las familias presumían de que sus hijos eran médicos, abogados… pero aún ahora, en el siglo XXI, hay personas que tienen reparos a decir a lo que se dedican. Por ello me pregunto cómo puede hacer alguien bien su trabajo si ni tan siquiera es capaz de decir con orgullo y claridad a lo que se dedica.

En el caso de la Comunicación pasa lo mismo. Si nos centramos en los tradicionales cargos de una agencia, las funciones de ejecutivos, supervisores y directores de cuentas, directores de servicios al cliente… no dejan de ser meros cargos comerciales para los que hay que tener, eso sí, unos conocimientos técnicos básicos. Porque lo cierto es que no se puede vender nada sin un conocimiento del producto. Sin embargo, según estudios realizados a las personas que desempeñan dichas funciones, tampoco les gusta que les definan como simples vendedores.

Esta circunstancia hace que falten buenos especialistas en esta disciplina y que, los que lo son, ocupan posiciones privilegiados en las empresas del sector o, simplemente, como socios de algunas de ellas.

Todo este contexto me hace pensar en la necesidad de depurar y potenciar la imagen de esta figura, debido a que la necesidad de excelentes comerciales de la comunicación será fundamental en los próximos años. Y para ello se tendrían que enseñar técnicas comerciales a las futuras generaciones y dignificar este trabajo en el fondo y en la forma, desde las universidades o centros de formación donde se enseña comunicación, publicidad o ciencias paralelas a estas.

Recuerdo como hace muchos años, realizando una demo con azafatas en un punto de venta en la que se tenía que persuadir de las bondades del producto a la clientela, una azafata joven me dijo que le gustaba realizar aquel trabajo porque para ella el vender era un reto. Es decir, su actitud en aquel proyecto superaba el objetivo del propio briefing, que básicamente pedía persuadir sobre el producto que se estaba promocionando. No lo olvidaré, porque es la persona que con más pasión me ha hablado de vender en toda mi vida.

De este modo, reivindico la necesidad de la sociedad de preparar a personas que les guste lo que hacen, que crean en ello y que se sientan realizadas en su desempeño. Porque si estos requisitos se cumplen no tendrán reparos en decir que son comerciales o lo que sea, ni esconderse por ello sino todo lo contrario.

A nuestra profesión debemos de quitarle prejuicios y sumarle valor añadido. Necesitamos personas que sepan motivar y estimular cuando vendan los productos o servicios. Y para ello es fundamental tener una actitud ganadora, tener pasión por lo que se hace y proyectarlo.

A tal fin, hay muchas personas que se dedican a la Comunicación que se tendrán que reinventar, unas lo sabrán hacer de motu propio y a otras el mercado les obligará a ello. Nuestro sector necesita de personas entusiastas, que hablen en clave positiva y clara a los clientes, que aporten soluciones y se presenten de manera sencilla. Fruto de todo ello surgirán relaciones más sanas y profundas con los clientes. Con esta actitud las personas se sentirán más libres y estimuladas, pudiendo dar mucho más de si que si no lo estuviesen. Pero es que además necesitamos de personas que sepan pensar más allá de los límites, personas que como Steve Jobs un buen día no se quisieron limitar a vender ordenadores y otros componentes, sino que querían contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas. O como Ferran Adrià, que no se conformaban con ser simplemente un buen cocinero sino un fabricante de sensaciones culinarias.

Por todo ello, recomiendo a las empresas que en adelante contraten gente con vocación e ilusión, a realizar seminarios de motivación a los directivos… y, en definitiva, prestar más atención a factores que dicen mucho de la autoestima de sus equipos y su amplitud de miras. Tenemos que recuperar la naturalidad y tener muy claro que las personas que están satisfechas consigo mismas son más eficientes y aportan mucho más a sus empresas y a la sociedad. De este modo, les propongo empezar a  llamar a las cosas por su nombre, ¿no creen?

 

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