Casualidades

Hay personas que tienen muy claro lo que quieren hacer, que saben cuáles son sus puntos fuertes y que con prodigiosa facilidad son capaces de concretar la hoja de ruta de su vida profesional. Sin embargo, la inmensa mayoría tenemos que buscar eso a lo que queremos dedicarnos, afortunadamente cada vez con más técnica que intuición, tal y como explico en mi libro, Reinventarse Profesionalmente. No obstante, hay personas que dan con lo que será su gran pasión laboral de forma accidental. El genial directo de la película Tiburón es uno de ellos.

Steven Spielberg reconocía en un articulo biográfico que de pequeño odiaba las matemáticas, pero que sin embargo tenía pasión por los trenes de juguete. De este modo, pasaba las horas haciéndolos chocar hasta que un día, su padre, harto de las malas notas, le amenazó con tirarlos a la basura. Como a Steven le asustó tanto la idea de no volver a verlos más, cogió el tomavistas de su madre y los grabó mientras pensaba que chocaban por última vez. Y al mirar aquellas imágenes descubrió una nueva pasión y todos nosotros tuvimos la fortuna de que naciese una leyenda del cine.

Con todo ello, creo que de alguna manera a lo largo de la vida nos encontramos con una señal o varias que pueden hacer darnos cuenta de lo que nos gusta y cambiar el curso de nuestras carreras profesionales. Tras hablarlo con alguna persona a la que le ha pasado, lo curioso es que cuando llega esa indicación o indicaciones sentimos que eso es a lo que queremos dedicarnos y es precisamente ahí cuando tenemos que poner todo nuestro empeño, dado que quizás ese tren no vuelva a pasar nunca más. Steven es obvio que supo cogerlo y a la vista está que no le ha ido tan mal, ¿no creéis? Valentía !!!

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