El arte de parchear y la madre que lo…

Hay culturas muy dadas a parchear, como la nuestra, la de los latinos, que viene a significar que cuando se nos presenta un problema tendemos a buscar una solución temporal y no una definitiva, aquella que pudiese reparar la circunstancia con total profundidad. Y es una lástima porque esta filosofía o forma de hacer se ha demostrado que da muy malos resultados, dado que lo de distraer el problema acaba generando males mayores. Pero, ¿qué nos impulsa a parchear? Básicamente creo que hay dos motivos. Muchas veces encontramos en el parcheo una solución rápida a un problema que tenemos, pero otras tantas encontramos en esta técnica una manera económica de erradicarlo, e incluso ambas a la vez. Pero lo cierto es que esto son meras quimeras porque esta forma de plantearlo no es ni rápida, porque con posterioridad nos obligará a tener que solucionarlo de nuevo; ni económica, porque ese doble esfuerzo hará que todo el proceso sea más bastante caro en su conjunto.

Si pensamos en los efectos del parcheo en el terreno estrictamente personal, sucede lo mismo. ¿Cuántas veces no hacemos frente a un problema, lo aparcamos y nos acaba estallando al cabo de un tiempo de forma aún más virulenta? ¿Cuántas veces los niños tienen problemas en los estudios porque arrastran carencias de base del pasado, y siguen pasando los cursos? ¿Cuántas veces tenemos problemas en el trabajo y, justo cuando creíamos que la marea se había calmado, vuelven a azotarnos los mismos males? ¿Cuántas veces hemos reparado algún objeto “a lo cutre” y se nos ha vuelto a estropear? ¿Cuántas veces un deportista vuelve a recaer tras haberse recuperado mal de una lesión?…

El sabio refrán castellano de “quien mal anda mal acaba” resume perfectamente el desenlace a este planteamiento. Un enfoque miope, cortoplacista y propio de personas que no llegan hasta el fondo en las cosas. En la antítesis de esta forma de vida está la excelencia, que consiste en aspirar a hacer las cosas de la mejor manera posible. Si en el colegio y en las familias recuperásemos esta forma magnánima de pensar, las generaciones del futuro probablemente no padecerían el paro como se padece en algunos países, porque la calidad es justo la antítesis de los atajos y el engaño, que es lo que hace una persona que no quiere hacer frente a un problema o que se cree el más listo del barrio tirando de la chapuza para solucionarlo. Con todo ello, creo que lo de los parches solo tienen alguna utilidad para reparar puntualmente las ruedas de las bicicletas, que es justo donde por primera vez escuché el término, pero mira tú por donde hoy me ha servido para explicar algo que cuando se hace de manera reiterada se acaba convirtiendo en un arte, cutre, pero un arte en definitiva, el arte de parchear y la madre que lo… ¿no creéis?

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