El secreto para reinventarse profesionalmente

Los que estamos en la cuarentena hemos tenido que adaptarnos en los últimos veinticinco años a los numerosos avances tecnológicos y el cambio en las formas de trabajar que los mismos han supuesto, entre otros. Unos cambios que, en comparación con los de épocas anteriores, han sido muy significativos. Esta circunstancia ha convertido el mundo en más global y competitivo, en un contexto en el que la población del planeta  se ha duplicado desde 1970, pasando de 3.500 a 7.000 millones de personas.

El impacto de todas estas circunstancias ha hecho que la estabilidad o seguridad profesional prácticamente haya desaparecido, dando paso a un mercado mucho más dinámico, en el que los planes son para las próximas semanas y no para los próximos años. De este modo, muchas personas han tenido y tendrán que cambiar las profesiones para las que originariamente se formaron y sustituirlas por otras que la sociedad está demandando. Y a este proceso se le llama reinvención, pero que como digo en mis libros al respecto, tiene otras acepciones. Y es que reinventarse no solo es cambiar de profesión, de empresa, de funciones, de país… reinventarse es darle un nuevo sentido al trabajo desde una visión más profunda, con el objetivo de dar lo mejor de nosotros mismos, desde un enfoque diferente. O como lo hizo Steve Jobs, que no se quería limitar a fabricar ordenadores sino hacer más fácil  la vida de las personas. O como Ferran Adrià, que no quería limitarse a ser un buen cocinero sino que quería y quiere crear una cocina de la experimentación, ilimitada y plenamente creativa. Y como ellos, tantas y tantas personas que han entendido el mundo de una manera diferente, aportando soluciones impensables para la inmensa mayoría.

Por todo ello, en este artículo quiero explicar alguno de los secretos que nos permiten reinventarnos y que les han funcionado a importantes personalidades, alcanzando el éxito en nuestra sociedad.

La historia de todas las personas comienza con una vida en la que podemos concretar lo que nos gustaría hacer y que contrasta con otra bien diferente, pasados algunos años, en la que vemos lo que finalmente hemos hecho. Esta reflexión nos lleva a la primera pauta y es que las personas que han conseguido grandes logros se puede decir que han hecho realmente lo que querían hacer con sus vidas. Es decir, son lo que querían ser. Circunstancia que nos puede parecer muy difícil de poner en práctica si nos centramos en esa hipoteca al final de mes y otras limitaciones u obligaciones que casi todos tenemos.

La  segunda característica de las personas que se han reinventado es que han eliminado sus creencias limitantes y se han centrado en sus creencias poderosas, en aquello que saben hacer bien. Fruto de ello, han logrado una gran confianza personal que les ha dado la energía para resistir todas las adversidades del referido camino.

El tercer aspecto a tener en cuenta es que todas estas personas han sabido definirse unas metas acordes con sus habilidades y puntos fuertes. Pero que al mismo tiempo han sido bien planificadas y dosificadas. De este modo, no podemos olvidarnos que muchas personas no llegan a ninguna meta porque no saben gestionar su potencial de manera inteligente. Es decir, si yo me plantease correr una maratón la semana próxima, sin haberme preparado antes, el error sería mi objetivo y no las capacidades para poder correr la maratón en unos plazos razonables.

Pero también hay que tener muy claro que el éxito más importante es el personal y no el que nos atribuyan los demás, puesto que si no estamos satisfechos con nosotros mismos, de poco nos servirán los halagos por cuanto podamos conseguir. La buena meta siempre es la interior, la que nos hace felices y plenos.

Por último, remarcaría que tener una serie de hábitos ayudan a hacer que la reinvención sea una cuestión de cada día y, no, simplemente una herramienta para poder seguir teniendo un hueco en el mercado laboral.

Entre estos hábitos quiero destacar el de ser flexibles a los cambios que se puedan producir en el entorno. Saber priorizar y enfocarse en lo importante. O no tener miedo a experimentar cosas nuevas. Además del de comprometerse y ser constantes en el cumplimiento de las misiones.

Pero las personas que se reinventan también saben obtener lo mejor de los que les rodean con empatía, escuchándoles y aceptando sus puntos de vista.

Por el contrario, las personas que no saben reinventarse no lo hacen porque no pueden sino porque tienen miedo a ser ellas mismas y viven acorraladas entre los sentimientos de culpabilidad y las preocupaciones. Todo ello por aferrarse a  unos pensamientos negativos e inciertos.

Las personas que se reinventan aportan un valor añadido a la sociedad y son más felices, solo por eso ya vale la pena saber cómo iniciar el proceso. Esta crisis nos está llevando a un nuevo Renacimiento de las personas, que vale la pena gestionar desde una mente abierta, ¿no creéis?

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