¿Felicidad o bienestar?

Como la palabra conciencia tiene dos acepciones: por un lado el conocimiento que el ser humano tiene de su propia existencia, de sus estados y de sus actos; y por otro, el conocimiento responsable y personal de una cosa determinada, como un deber o una situación, quiero remarcar que en este artículo me referiré a la primera de ellas. Y lo quiero hacer porque este fin de semana, leyendo La vida que florece, de Martin E.P. Seligman, me ha hecho ser consciente de la diferencia que existe entre dos conceptos que muchas veces barajamos alegremente y confundimos, y que describen enfoques vitales muy diferentes: felicidad y bienestar. De tal modo que Seligman lo simplifica diciendo que mientras la felicidad se mide en base a nuestra satisfacción con la vida, el bienestar lo hace sobre cómo crecemos como personas.

¿Qué os parece? A mi parece genial, puesto que abre un horizonte a ese estado de gracia tan perseguido y del que todavía nos queda mucho por descubrir. Y lo bueno es que lo hace de tal manera que cuando uno acaba de leer el libro tiene más claro que el crecimiento personal es una mejor vara de medición, puesto que atribuye a cosas concretas la mejora de nuestro bienestar como: las emociones positivas, la entrega, el sentido, el logro y las relaciones.

El libro también tiene una parte acentuadamente comercial que no me gustó porque redunda en las bondades del primer master en psicología positiva que organizó el autor, y de la que solo me quedo con  que la psicología positiva es aplicaba a cualquier desempeño y organización. Pero por lo demás, el libro es una colección de reflexiones que nos invitan a vivir con una actitud más positiva y generosa.

El ser humano necesita aprender porque esto le ayuda a mejorar y porque convierte en reto ese aprendizaje. Necesitamos pensar más en las cosas buenas que nos pasan y relacionarnos con otras personas y ser más conscientes de lo que hacemos. De todo ello obtendremos la energía necesaria para vivir de manera más inteligente. Y fruto de esa forma de actuar, nos será más sencillo enriquecernos con hábitos sanos, alcanzar una vida con sentido y descubrir quienes somos.

Pero para pasar a la acción con este enfoque necesitamos energía y voluntad. De tal modo que empieza hoy a arrancar de tu vida todo lo que te impida ser mejor persona, todo lo que te limite, cambia los espacios tristes en los que te desenvuelvas por espacios alegres o con toques de alegría, cambia tu vida sedentaria por una vida donde el ejercicio físico te ayudará a estar más tonificado, piensa en todo lo que haces bien, celebra las buenas noticias, selecciona cuanto haces y cómo lo haces… Al final, de todo ese proceso, que no tiene fin, podrás ver que no tendrás problemas en corregir lo que hayas hecho mal, que te rodearás de gente con la que te sientes a gusto y que habrás dotado de recursos positivos a tu existencia.

Una vez más, a ese estilo de vida pienso que tendríamos que darle forma desde la escuela porque tan importante como el conocimiento de las disciplinas, lo es el de saber vivir en armonía con nosotros mismos, ¿no creéis?

Y de paso: ¡Maestro, gracias por tus reflexiones!

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *