Hacerse valer

Una de las cosas más importantes que el ser humano puede aprender es a hacerse valer. Y en este sentido, no se me ocurre mejor lección que la que nos dio el líder sudafricano, Nelson Mandela, que tras 27 años encerrado en la prisión de Robben Island, entendió que la potencia de su mensaje y la fuerza de su movimiento trascendían su propia persona. Y que de este modo, tenía que aprender a superar la rebeldía que le invadía de los primeros años, a gestionar su silencio y a entender que con su comportamiento era fundamental hacerse valer.

Pero eso de hacerse valer tiene una gran relación con tres cosas: el estado de nuestra autoestima, la personalidad y la experiencia. Respecto de la autoestima cabe remarcar que si pensamos que no somos mejores que los demás en algo, será difícil que nuestras actuaciones transmitan lo contrario y que nos queramos. Y para hacerse valer es fundamental quererse y, cuanto más, mejor.

Lo acentuada de nuestra personalidad hace que haya personas que, pese a tener una corta edad, ya tengan claro que tan bueno es su criterio como el de los demás y, algo muy importante, que no pierden nada en el ejercicio de exponer sus puntos de vista a terceros.

Y por último, qué duda cabe que la experiencia nos enseña a saber gestionar este aspecto tan importante para proyectarnos con éxito y potenciar nuestra confianza. Es decir, que la suma de errores cometidos llega un día en que nos puede permitir ver que lo que hacemos realmente tiene valor.

Pero también hay personas que se hacen valer mezclando estos aspectos o que lo consiguen con tan sólo uno de ellos. Al final, lo importante es lograrlo porque nuestra vida puede cambiar notablemente con ello.

Hecha esta breve introducción, ahora quiero hablar de ti: ¿Te haces respetar? ¿Valoras en la justa medida tu trabajo o lo que haces? ¿O es que crees que los demás son superiores? ¿Te has parado a pensar que lo que haces tiene mucha calidad?… Pues conviene empezar por ahí para cambiar este aspecto, por observar la realidad, objetivar tus análisis y por ser consciente de que hace mucho tiempo que no revisas este aspecto, y que toca que lo actualices con rigor.

Las personas cambiamos en todos los ámbitos y en el profesional no podría ser de otra manera. De este modo, todos seguro que hacemos mucho mejor nuestro trabajo que cuando nos iniciamos. Por ello, te invito a que te reivindiques, que plantes cara a según qué coacciones de personajes de cartón piedra que no te tienen en cuenta ni te miden adecuadamente o que son meros ventajistas, que actualices tu posicionamiento y que siempre intentes rodearte de personas que sí sepan valorarte porque quien te valora, te respeta y te deja crecer, ¿no creéis?

Porque cómo decía la actriz, Carmen Maura, en un programa de televisión de hace ya unos cuantos años: ¡Nene/nena tú vales mucho! o en su versión moderna: ¡Eres un crack!

1 comentario
  1. Eva Luz Samperio says:

    Tengo muchos puntos de encuentro contigo. Prácticamente en todo. A excepción de un punto.

    Creo que la persona que no te valora, realmente no se cree digna de que alguien de tal calidad sea parte de su vida.

    Realmente es esa persona la que se cree “poca cosa” para que esa grandeza pertenezca en su vida y lo valore. Pero no hay forma de no termine impregnado de aumento de valía si te sostienes ahí.

    ¿Qué me vas a decir? ¿Se esta aprovechando de ti? ¡Qué bueno, sirvo para algo, tengo algo que dar a este mundo y en particular a alguien.

    En esta relación -con el utilitario aprovechado- yo no pierdo.

    A decir verdad ninguno de los dos perdemos.

    Finalmente, si me sostengo ahí, algún día terminará por impregnar su vida de un nuevo mundo, de un nuevo valor, de una nueva visión sobre sí mismo y sobre lo que merece.

    No todo en este mundo es ganancia, el valor es un concepto de la economía. A veces en el perder se gana más: sanar -o por lo menos- contribuir a sepa que merece algo mejor, que vale.

    Que ¿me utiliza?, que me utilice. Es mejor tener cosas que sirvan para algo y -sobre todo- para alguien, que tener encapsulado tu valor para solamente ser reconocido y aplaudido, para honores y fanfarrias.

    Para eso no tiene sentido la valía, porque nada produce. Solo se luce.

    Shalom

    Eva Luz Samperio Añorve

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