I’m back

Llevo unos días muy concentrado en un libro que estoy escribiendo y que me hace despertar de la cama como si fuese el mismísimo Curro, aquel personaje que tan popular hizo una agencia de viajes hace unos años, mostrándolo en sus anuncios en pleno Caribe con cara de rotunda felicidad. Y digo muy bien porque me fluyen las ideas, conecto profundamente con el mensaje que quiero dar y todo ello me está produciendo el deseo de ponerme a escribir en cuanto tengo un rato. Y es que hay veces en las que pese a gustarnos mucho lo que hacemos, por diversas circunstancias en un periodo no lo hacen tanto.

Frente a escenarios de cierta desazón este tipo lo mejor es no llegar a conclusiones erróneas, precipitadas y remarcadamente superlativas en la mayoría de los casos: categorizando que ya no me gusta lo que hago, que tengo que cambiar de actividad, que es el final de un ciclo…. Vaya, estupideces propias de alguien que se cree que eso de la motivación es sostenible en el tiempo como la faltriquera del mismísimo Indiana Jones.

Pero en el lado opuesto tenemos a personas que cuando les pasa esto, son valientes y saben cortar por lo sano. Me viene a la cabeza el caso de Michael Jordan, el mítico jugador de la NBA, que tras haber ganado varios anillos, los juegos olímpicos y lograr numerosos reconocimientos personales, el 6 de octubre de 1993, con tan solo treinta años, dijo que se retiraba del baloncesto porque simplemente no se divertía.

Pero Jordan anunció dos años después su retorno a las pistas con un rotundo “I’m back”, que para los amantes de este deporte podía estar al mismo nivel de entusiasmo que para los amantes de la música si los Beatles volviesen a tocar juntos. Eso sí, adornándolo el mozo con el logro de varios anillos más y poniendo un broche a su espectacular carrera.

Pero no acabó ahí todo. Tras dejarlo de nuevo y ser el presidente de la franquicia de los Washington Wizards, anunció en 2001 que volvía a jugar. Esta vez ya más próximo a los cuarenta, pero ofreciendo un espectáculo en absoluto desdeñable.

Para muchos, la historia le ha colocado como el mejor de todos los tiempos. Para mí, en este análisis lo veo como un perfecto ejemplo de alguien que pasó por crisis, pero que ante todo supo gestionar su vida profesional con lealtad a sí mismo. Y que cuando una cosa no le motivó, supo buscar otra para cubrir ese noble deseo, pese a ser quien era y lo que podía afectar a su reputación. Y es que es obvio que a Jordan le gustaba ganar, pero aún le gustaba más estar bien con él mismo, porque ese es el secreto para poder darlo todo en lo que hagamos.

Su trayectoria profesional transmite un ejemplo que tiene muchas interpretaciones: honesto tras su primer retirada, comprometido en sus retornos, valiente… Pero también, tras reaparecer después de su segunda retirada, pudimos ver a un Jordan que nos demostró que amaba su profesión y que necesitaba hacer lo que mejor hacía.

Lo del “I’m back” tengo que reconocer que me mola, porque es una expresión que demuestra fuerza y seguridad, pero me mola aún más la gente que es leal a sí misma, que no puede dejar de dar todo lo que lleva dentro y que sabe entender de manera brillante eso tan complicado a veces de los ciclos de las cosas, con sus subidas y sus bajadas, ¿no creéis?

Michael, cada día creo más que aquella lección no fue un triple sino una jugada de 4 puntos !!!

1 comentario
  1. Patry y Frank says:

    Carlos, no había leído este post sobre MJ hasta ahora. Una vez más coincido con tu modo de enfocar. Pero quiero agregar otra gran virtud de Jordan y es su liderazgo. Recuerdo que cuando el estaba fuera de la cancha, los Bulls jugaban de una forma apagada, pero cuando el regresaba, se notaba mucho el cambio, la motivación y la energía.
    Y otra gran virtud como líder y estratega, es la capacidad de saber delegar. ¿Recuerdas aquel mítico tiro de Steve Kerr en los segundos finales del ato juego de la final del 98? I´ll be ready -dijo Kerr!

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