La cara pobre del Marketing

Nuestro trabajo es crear valor añadido y quizás es el momento de volver a hacer simplemente Marketing, a secas, y dejar de inventar palabras que no aportan nada ni métodos de trabajo de dudosa eficacia.

Marketing Farmacéutico, Marketing Industrial, Marketing de Servicios, Marketing Social, Marketing Político, Marketing Personal, Marketing Inmobiliario, Marketing Bancario, Marketing Editorial, Marketing Institucional…

A la vista de la innumerable cantidad de tipologías de Marketing con las que uno se va encontrando cada mañana, podríamos decir que también en este terreno la especialización ha provocado la creación de otros tantos términos, que o bien buscan transmitir la existencia de un conocimiento específico sobre cada una de esas materias o la simple justificación de los honorarios de quienes los provén; ya que –a mi modo de ver- lo único importante es que volvamos a hacer Marketing de verdad y crear necesidades.

Me explicaré con mayor detalle para que se entienda bien qué quiero decir con ésta última frase. De un tiempo a esta parte vengo pensando en lo que nos llegamos a complicar los que nos dedicamos a estos menesteres. Si lo reflexionamos detenidamente, al final existen unos productos, que cubren las necesidades de unos targets determinados y unas herramientas de marketing que se deben de ajustar para hacer atractiva esa oferta al mercado. Y todo lo demás es accesorio. De este modo, me atrevo a decir que estamos entrando en una espiral que nos hace cambiar el nombre de las cosas por puro esnobismo y no porque haya cambiado realmente mucho la sustancia de esa materia en cuestión. ¡Vaya, que luce más de cara a la galería¡. Sin ir más lejos y haciendo un paralelismo con algo que no tiene nada que ver, hace unos días nos vino a visitar al despacho un vendedor de fotocopiadoras, impresoras… con el que venimos trabajando desde hace años. En la tarjeta que nos entregó por cambio de dirección de sus oficinas en esta ocasión ponía consultor, con lo que en un ciclo de trece años –que es el tiempo desde que lo conocemos- ha pasado de comercial a asesor y de asesor a consultor. Claro que si le preguntas al bueno de Luis, que es como se llama, él te dirá que sigue siendo el vendedor de siempre y que cada cambio en la tarjeta no ha significado necesariamente una modificación importante en sus funciones o condiciones laborales. En definitiva, que sigue siendo un honrado vendedor pero con nombres diferentes.

En esta superficialidad en la que nos estamos instalando, me referiré ahora al uso abusivo de las nuevas tecnologías y a internet, que sin duda han supuesto una herramienta indiscutible de mejora por lo que se refiere a la inmediatez, pero que al mismo tiempo han roto con otros hábitos fundamentales para el desarrollo de la actividad como es el del contacto con nuestros clientes. Para explicarlo con facilidad tomaré un ejemplo que conozco bien, el de las consultoras de marketing y comunicación, donde esta pauta ha dado lugar a relaciones telemáticas de los responsables de cuentas, perdiéndose los detalles que rodean a los productos y, algo mucho más grave, la cultura de trabajo que se respira de manera personalizada en cada negocio y que nos permite proponer o trabajar en direcciones con posibilidades de prosperar, por la forma de hacer en esas organizaciones. Todo ello sin olvidarnos de que ese contacto personal también permite soportar vicisitudes que afloran en el recorrido de cualquier relación mercantil.

Como estos ejemplos de pérdida de profundidad en nuestro trabajo, podría seguir con otros muchos que, pensando en voz alta, me atrevo a decir nos hacen correr el riesgo de transformar la profesión del Marketing en la dirección contraria a la de crear valor añadido, que es lo que realmente da sentido a su existencia. En un contexto económico difícil como el que nos ocupa, tendríamos que aprovechar para replantearnos donde radica la auténtica competitividad de nuestra actividades y volver a centrarnos en lo importante, recuperando detalles que nos han ido desviando de poder alcanzar ese básico objetivo, y focalizándonos en aquello que nos diferencia y da sentido a nuestra profesión, que es que los productos gocen de las máximas posibilidades en su comercialización.

Formarse bien, conocer con profundidad nuestro oficio… son basics a los que tendremos que prestar atención de nuevo para recuperar una sociedad que flojea de valores y en la que lo de la rentabilidad es la excusa perfecta que justifica estos males conceptuales. El Marketing tiene muchas caras excelentes como para quedarnos con la más pobre y banal, ¿no creéis?.

 

 

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