La genial lección sobre el talento de Rembrandt y lo que es, es

El burgomaestre de una pequeña población flamenca le encargó un retrato a Rembrandt. El pintor holandés aceptó el pedido de buen grado, trabajó durante unos días en dicho proyecto y cuando el hombre fue a buscar el cuadro quedó disgustado con el resultado final. Veía poco realismo en la obra del pintor, por lo que pidió al artista que lo retocara.

El artista aceptó rehacer su obra e instó al burgomaestre a recoger el cuadro unos días después. Llegada la fecha acordada, el cliente entró en el estudio del pintor y llamó su atención una moneda que había en el suelo. Con disimulo se agachó a recogerla, pero no pudo, ya que había sido pintada por  Rembrandt.

El hombre comprendió la genialidad del pintor y se llevó el cuadro a su casa sin tan siquiera mirar si el resultado final era de su agrado.

Y es que muchas veces quienes dirigen las empresas u otros colectivos de personas, tampoco  son capaces de ver la calidad de las cosas hasta que son obvias o más que obvias. Pero también muchas veces es claro que esto sucede porque ya no pueden dar ese paso, y en esto el orgullo es un gran freno puesto que piensan que una rectificación dañaría su imagen al desdecirse, cuando lo que les daña aún más es no reconocer el talento, que es lo que está en tela de juicio en bastantes de estas ocasiones. O puede que ya no puedan dar el paso porque tienen que atender intereses de otras partes implicadas. Pero el peor de los escenarios, sin duda, se produce cuando el que tiene que reconocer algo obvio, no quiere, y digo que es el peor porque lo evidente es difícil de contradecir.

En cualquier caso, todos estos avatares al final dan igual, porque del mismo modo que le pasó al genial pintor holandés, cuando uno tiene calidad no importa que quienes nos dirijan no la vean, lo importante es que nuestro talento está ahí. Y lo que tiene calidad, nadie podrá ocultarla, ¿no creéis?

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