Observaciones sobre las vacaciones

Desde la Revolución Industrial muchos han sido los avances logrados en el ámbito laboral para proteger a los trabajadores y salvaguardar de paso el sistema capitalista. Uno de estos avances han sido las vacaciones, pero curiosamente, en nuestro país, hasta la Segunda República, allá por los años treinta del siglo pasado, no se aprobó una Ley de Contrato de trabajo que contemplase siete días de vacaciones por cada año trabajado.

Y también en los inicios del franquismo, el artículo 35 delDecreto de 26 de enero de 1944, por el que se aprobaba el Libro I de la Ley de Contrato de Trabajo, se establecían unas vacaciones de siete días.

Seguramente, entre 1944 y 1976 se hizo alguna modificación para ampliar el derecho de siete a catorce días, pero no sabría decir cuál fue. La Ley 16/1976, de 8 de abril, de Relaciones Laborales aumentó el periodo hasta veintiún días y el Estatuto de los Trabajadores, en su versión original de 1980, elevó la cantidad a veintitrés.  Finalmente fue en 1983, durante los inicios del primer gobierno de Felipe González, cuando se estableció la jornada máxima legal en cuarenta horas y unas vacaciones anuales mínimas en treinta días.

Con todo ello, muchas familias siguen teniendo unas vacaciones de cuatro semanas, concentradas fundamentalmente entre julio y agosto, o sólo durante agosto. Y de este modo, me pregunto si es posible cerrar algunas empresas durante tanto tiempo, si las economías familiares aguantan tal festín, si no sería más lógico repartirlas durante el año, etc. Y me lo pregunto porque cuando uno habla con personas del norte de Europa, cuesta argumentar estas particularidades en un país de servicios como el nuestro, y porque además nuestro modelo vacacional tiene más de treinta años y nuestra sociedad vive de manera diferente. Pero puestos a cambiar ese modelo, no hay que olvidarse de que conviene corregir el grave problema económico y logístico que supone para muchas familias con hijos el tener que pagar actividades durante el mes de julio. Unas actividades caras, que desbordan las ya maltrechas economías de las familias-tipo del país, que dan sentido a business oportunistas y que además no corrigen la falta de competitividad de nuestros chicos, tirando por la borda muchas horas que nos serían útiles aplicar en esta dirección.

Cada año me vienen estos pensamientos y cada año pienso que alguien que nos represente empezará a cambiar algo en este sentido. Algo que sea más racional, equilibrado con el contexto y que potencie más ese fantástico derecho que un día adquirimos llamado: LAS VACACIONES, ¿no creéis?

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