Oradores o charlatanes

Hace unos meses oí de soslayo a una persona decir que su responsable de marketing estaba buscando contratar a uno de esos charlatanes para la siguiente convención de ventas. Es decir, que buscaba a un orador o speaker para reforzar el mensaje motivador a su equipo comercial.

Si no llega a ser porque no se daban las circunstancias para matizarle sobre el término y porque con los años uno ha aprendido a seleccionar los combates dialécticos en los que se mete, me hubiese gustado hacerle la distinción pertinente a tan erróneo concepto. La cuestión es que hoy me he vuelto a acordar del tema y me parece oportuno entrar en el detalle.

En primer lugar, utilizar la palabra charlatán es sin duda un gesto despectivo hacia los profesionales de la oratoria, puesto que según la Real Academia Española un charlatán es alguien que habla mucho y sin sustancia. Y también porque su uso viene a ser lo mismo que llamar matasanos a un médico o similar a aplicar el diminutivo con desdén, al referirnos a los maestrillos, abogaduchos, etc.

Por otro lado, la oratoria es una profesión que no solo que tiene un gran presente en nuestro país sino que tiene un largo recorrido por delante a nivel mundial, puesto que se van a necesitar expertos que fijen y amplifiquen mensajes capitales a los que meros aficionados no pueden llegar. Y es que una cosa es hablar bien, tener don de palabra, y otra muy distinta es tener una buena dicción, gestionar la entonación, dominar una materia, saber seleccionar lo importante de la misma, mantener la atención de la audiencia, convencer, emocionar, fijar… y en definitiva, crear valor añadido.

Un mensaje dado por un speaker profesional tiene infinito mayor impacto en la audiencia que cuando lo emite quien no lo es, al igual que tampoco es lo mismo escribir bien, que escribir correctamente. Y de este modo, tampoco es lo mismo ser periodista que filólogo, profesor que catedrático… y tantos y tantos rangos que determinan los diversos niveles de expertise o conocimiento en una actividad.

Algunos parece que aún no saben que la oratoria es una profesión y que los speakers son una herramienta más al servicio de las organizaciones, que en países como Estados Unidos son piezas básicas de los eventos importantes que se celebran a lo largo de todo el país en el mundo empresarial e institucional.

No señor mío, los charlatanes a los que se refería usted ya no existen. Ahora existen unas personas que tienen la facultad de llegar al corazón de las personas y provocar reacciones con efectos multiplicadores. De este modo, estoy seguro que usted y personas similares a usted son las primeras en que cuando tienen que operarse de algo serio son las primeras en buscar a los mejores en la materia. Por eso le recomendaría que cuando se trate de mensajes importantes en su empresa, no deje que éstos queden en manos de los que no son expertos, no vaya a ser que lo que se planteaba para sumar acabe restando. Si además, con este artículo he conseguido con mis palabras que lo charlatán quede solo para los que lo son de verdad, me daré por complacido. Por cierto, un mensaje que quiero trasladar a todos aquellos que no respetan las nuevas profesiones por una mera falta de cultura, propia de una sociedad que se amamanta peligrosamente de realities de chichinabo como los que nos proponen, ¿no creéis?

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