El enigma de las pajas mentales

Dos de los parámetros para medir la riqueza de una lengua son sus términos y expresiones. Y, dicho sea de paso, son notables los esfuerzos que realiza la RAE para integrar términos que forman parte de nuestro lenguaje cotidiano; vaya, del que hablamos todos en la calle.

De entre todos esos giros, hoy me parece interesante poner el acento en la expresión “paja mental”, que la solemos utilizar cuando alguien hace un enfoque complejo, rebuscado y, en muchas de las ocasiones, no certero de una situación.

Y ¿por qué nos hacemos pajas mentales? Es cierto que hay personas que nacen con una cierta predisposición a complicar las cosas de manera natural, pero al margen de este colectivo, una gran mayoría de personas que se hace pajas mentales es porque fabrica pensamientos que derivan en unos enfoques de las cosas que se alejan de la realidad. Son personas que se acaban confundiendo ellas mismas porque no saben cómo llegar desde A hasta B por el camino más corto, y lo que es peor, porque no acaban viendo las cosas de manera objetiva sino con el filtro que las conviene o que se han llegado a creer que es el bueno.

Pero ojalá que este fuese un problema básicamente funcional que las impidiese lograr sus objetivos por caminos menos largos y complejos, el mayor problema que tienen es que fruto de las sesgadas e imprecisas valoraciones que van coleccionando de las cosas, acaban teniendo emociones negativas sobre sus circunstancias, derivando en actitudes que no les permiten alcanzar resultados a la altura de su auténtico potencial porque sus análisis iniciales son sesgados.

Aunque al margen de todo, es fantástico oír cuando alguien que goza de nuestra confianza nos espeta en algún momento: “no te hagas pajas mentales” , porque todos hemos caído alguna vez en esta tesitura, no nos engañemos, de tal modo que se convierte en un auténtico enigma la cuestión. Puesto que nos obliga a despertar de nuestro planteamiento y ver las cosas como son, no como en aquel preciso momento nos habíamos llegado a creer que eran.

El ser humano es capaz de vivir en la oscuridad más cerrada y en la luz cegadora del sol más brillante. Dar con las soluciones más sencillas y hacerse unas pajas mentales descomunales. Por todo ello, se me ocurre tener en cuenta dos observaciones elementales: saber hasta donde puede llegar el poder de nuestra imaginación y tener cerca de nosotros a personas que tengan los pies en el suelo, con el fin de que lo de las pajas mentales no se convierta en un hábito que nos lleve a un recorrido de cercanías y no de larga distancia, como realmente podemos, ¿no creéis?

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