Pensar diferente

Qué duda cabe que la educación que hayamos recibido marca considerablemente nuestra forma de pensar en la vida, pero no la única. De este modo, nuestra amplitud de miras ha podido estar netamente limitada por nuestra condición política, religiosa, sexual… Y de este análisis se puede concluir que hay personas que más que haber sido lo que querían en la vida, han sido lo que los demás o sus circunstancias han querido que sean.

Pero profundizando más en ello, podemos ver que este corsé no es más que una limitación personal con la que hemos querido vivir por comodidad, por conveniencia, por falta de valentía o por una mezcla de todas ellas; puesto que si uno quiere, puede salirse de él.

Lo cierto es que yo tampoco he podido escapar del referido corsé, ya que me he pasado una gran parte de la vida optando por seguir una carrera y experiencia profesional lo más acordes posibles. Es decir, que he estudiado y trabajado en la misma actividad siempre, con la plena convicción de que eso era lo que se tenía que hacer, lo correcto. Y repasando con detalle este planteamiento, me he dado cuenta de que estaba herrado puesto que la auténtica coherencia no es lo homogéneo de nuestro camino sino la posibilidad de expandirnos como realmente somos y cómo pensamos en cada momento. Con lo que he llegado a comprender y defender que uno puede empezar su carrera siendo un modesto médico y puede acabarla siendo un perfecto maestro.

Pero lo peor de esta forma de pensar son además dos cosas: creer que tú estás en lo cierto y que los demás se equivocan. Y no darse cuenta de que con ello estás condicionando tu propio crecimiento personal.

El mundo ha cambiado, es más global, plural, multicultural… y con todo ello estamos obligados a vivir con mayor flexibilidad y a adaptarnos a los cada vez más rápidos cambios de todo tipo que surgen. Pero muchas veces seguimos siendo flexibles desde una amplitud de miras limitada. Para que se me entienda mejor, pondré el ejemplo que viví estando en una agencia de publicidad mundial hace muchos años en la que el cliente nos reunió para buscar la manera de incrementar las ventas de unos cereales que comercializaban. Tras proponer diversos tipos de promoción, hubo una persona de nuestro equipo creativo que propuso regalar miles de cuencos con la compra de su producto, de un tamaño algo superior a los habituales en el mercado, puesto que esto aducía que generaría un incremento del consumo inmediato y orgánico, es decir, con los consumidores actuales. Pues bien, tras sus palabras se hizo un silencio en la sala que no olvidaré nunca puesto que aquella persona había logrado pensar diferente a los demás. Es decir, vio una manera alternativa con la que todos estábamos abordando aquella problemática. Su idea finalmente no prosperó por el coste de su implementación , pero logró el respeto de todos y, en mi caso, fue la primera vez que aprendí a afrontar los problemas desde ángulos diferentes a los convencionales.

Varios años después, puedo deciros que ahora soy de los que piensa que más que ser experto en algo lo importante es aportar cosas diferentes desde donde estemos. Y en ese sentido el pensar diferente es una buena técnica, ¿no creéis?

1 comentario
  1. Martuky says:

    Me gusta. Yo mente pensante siempre fuera del grupo, siempre diferente, siempre en contra, errante en busca de iguales…ahora resulta que voy a tener el don sin explotar, el diamante sin tallar, potencial en bruto….
    Empezaré a reconsiderarlo y a quererme más, infinitamente más…por mi misma, por los que no supieron apreciarlo, ni valorarlo, ni potenciarlo y por los que pudiera haberles llegado algún brillo de luz o les pueda llegar aún.
    Gracias, Carlos, lástima que me faltó tiempo y circunstancias favorables, comparto todo lo que dices. Un saludo.

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