¿Qué tiene que ver la cultura de las ideas, los hospitales y las pe…?

Cuando tenemos una idea que nos parece buena sentimos dos tipos de necesidades: compartirla con alguien, ponerla a prueba o ambas. A su vez, cuando la compartimos estamos expuestos a dos tipos de comentarios: positivos o negativos. Si éstos son bastante negativos la abandonamos de inmediato, pero si no lo son tenemos la posibilidad de trabajarla más y probar suerte más adelante, volviendo a empezar el ciclo de nuevo. Pero si nos dicen que la idea es buena de primeras, nos sitúa en la tesitura de tener que tomar una decisión al respecto: llevarla a cabo o aparcarla en nuestra mente.

De este modo, muchas ideas no ven la luz porque simplemente no queremos. ¿Y por qué no queremos? Pues no queremos porque la idea de fracaso está todavía muy arraigada en nuestra cultura y esta hace que en muchas ocasiones no queramos asumir el riesgo de testar algo que hemos parido nosotros. El segundo freno a no poner en marcha una buena idea es la actitud, es decir, muchas personas tienen capacidad para desarrollar ideas y ser creativos, pero no sirven para implementarlas. ¿Y por qué no son capaces de implementarlas ? Pues no son capaces de implementarlas porque no fijan la idea como una meta sino como una opción más, confiando en que les surgirán otras muchas en el futuro.

El tercer gran freno para no tirar hacia adelante con una idea son los recursos o medios. Y esta es otra gran excusa por dos motivos: hay muchas ideas que no necesitan grandes recursos, el propio Steve Jobs empezó Apple en un garaje, y también porque depende de nosotros el ajustar las ideas a nuestras posibilidades.

Una vez que sabemos por qué no desarrollamos más ideas, quiero centrarme en los que las tienen, las prueban y flaquean al poco de empezarlas. Se trata de otra especie a la que conviene recordar que las ideas tienen que consolidarse y que en ningún sitio está escrito que sea un camino sencillo ni rápido. Por tanto, a estos hay que recomendarles que se tomen un buen vaso de determinación y paciencia, pues los necesitamos y mucho. La determinación no se puede comprar, pero se puede copiar en muchos hospitales donde cientos de enfermos no se rinden ni un solo día para afrontar los peores escenarios posibles.

Con todo ello, creo que si a los que tienen miedo a fracasar les convencemos de que es rentable intentarlo; que si a los que tienen buenas ideas les invitamos a que se asocien a otros que son más capaces para desarrollarlas y a los que lo intentan, pero flaquean, les inyectamos una mayor dosis de actitud, en los próximo años estaremos en condiciones de crear una cultura de las ideas, que requiere de la creatividad como herramienta básica y de tipos sin gomina que sean capaces de creer en sí mismos. Y es que en el fondo esto de las ideas va de meterle un par de pelotas (lo siento, pero a lo de un par de narices le falta fuerza) al talento, algo que no ponen en los libros de liderazgo de manera tan clara y conviene llamar por su nombre, ¿no creéis?

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