Sobre Eurovisión, pasear por un hospital y ponerle un par de…

Todos tenemos problemas, pero no todos los abordamos igual. Hace unos días le explicaba uno importante a varias personas y obtuve respuestas de todo tipo. Ahora puedo decir que solo me acuerdo de los comentarios de aquellos que me impulsaban a coger el toro por los cuernos, a afrontar la situación con seguridad y, sobre todo, de los que me lo supieron transmitir con gran contundencia. Y digo esto porque cuando uno tiene un problema de verdad, un problema con mayúsculas, toda la seguridad que podía tener antes se va por el retrete y el machito alfa se acaba escondiendo debajo de la almohada.

No vale quejarse, no vale lamentarse, no vale regocijarse en la pena. Lo único útil es apelar a nuestra actitud para cambiar la situación. Pero es que en muchos de los casos, detrás de los comentarios valientes, duros y directos de ánimo hay personas admirables que también han tenido problemas de peso. Es decir, que estamos hablando de gente normal que ha optado por sufrir lo mínimo y por intentar vivir lo mejor posible cada día de su vida. Son los más inteligentes, no me cabe duda. Todas esas personas son las que nos tienen que servir de referente porque perdernos en el mar de la tristeza es tan inútil como pensar que se puede ganar Eurovisión solo cantando bonito o que lo de Conde tiene solución.

Así que si estás tocado, fíjate unas coordenadas, unos objetivos y rodéate de gente valiente. Apela a tu seguridad y confía en que el buen viento llegue, porque seguro que acaba llegando con la actitud adecuada.

Un problema nos puede llevar al miedo y éste al bloqueo. Y el bloqueo a la ansiedad. Y el resultado de todo ello es sufrir. Es decir, ese sentimiento primario que pensamos nos puede servir de algo. Una chorrada más de la antología humanoide.

Escribo esto para nunca olvidar que siempre hay alguien que tiene problemas mayores que los nuestros. Basta con pasarse por la unidad de oncología de cualquier hospital para darse cuenta de lo que es tener un problema. Si quieres hacer algo práctico, concentra tus energías en la solución y piensa que los únicos que tenemos la llave de la felicidad somos nosotros mismos. Y que de cualquier notoria adversidad, lo único que sirve es hacerse más fuerte, ¿no creéis? Vaya, lo de Darwin. Se llama resiliencia, aunque otros hemos optado por llamarle: ponerle un par… a la vida. Va por ellos !!!

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