Soñar

La palabra soñar tiene tres acepciones: representar en la fantasía algo mientras dormimos, imaginar que las cosas son distintas a como son en la realidad y anhelar persistentemente una cosa.

Personalmente es una palabra que me encanta porque la asocio con imaginar algo que te resulta atractivo en algún sentido. Pero los sueños también pueden ser malos, a lo que denominamos pesadillas. O también podemos vivir pendientes de alcanzar un sueño que finalmente no logramos, pudiéndose convertir en desesperanza.

Sea como fuere, hoy quiero referirme a soñar despierto, que es una manera de crear o fijarnos una meta; ya que debo de confesar que no puedo referirme a los sueños nocturnos porque lamentablemente formo parte de ese colectivo que no se acuerda de ninguno.

Y es que de una manera u otra todos soñamos. Y de este modo, la humanidad sueña también. Los seres humanos hemos soñado con conquistar el espacio, con vivir eternamente, con volar… Los calvos sueñan cada día con que algún día alguien descubra un producto que les permita recuperar su cabellera y corregir esa desventaja estética. Hitler soñaba con ser el dueño de Europa y así podríamos enumerar cientos de sueños o anécdotas al respecto.

Pero también siento un profundo respecto por aquellas personas que siempre están con los pies en el suelo, que representan justo lo contrario de los soñadores, son personas que se centran en lo que hacen y que no suelen soñar con los reconocimientos de los demás, pese a ser brillantes en lo que hacen. Y en esta forma de actuar, podemos pensar en la mayoría de los Premios Nobel distinguidos a lo largo de la historia, ya que ninguno de ellos ha declarado soñar con un reconocimiento de esta envergadura. Pero sobre los Nobel os hablaré otro día porque tengo algún desengaño al respecto, como cuando se lo dieron a Barack Obama, actual presidente de Estados Unidos, apenas recién llegado a la Casa Blanca y sin ningún mérito concreto a la altura de tan preciado galardón.

Martin Luther King tuvo uno de los sueños más notorios de la historia el 28 de agosto de 1963, que en Estados Unidos todas las personas fuesen tratadas de igual forma.

De tal forma que hoy os quiero invitar a dos cosas: la primera es que leáis el estupendo libro de Augusto Cury, Nunca renuncies a tus sueños, en el que apela a lo importante que es desarrollar nuestro sueño y cómo el lo hizo. Y la segunda es que cada día intentéis soñar con algo que os haga mejores personas, profesionales o lo que queráis. Porque detrás de cada sueño hay algo que anhelamos y que puede ser tan bueno y tan grande como nuestro corazón, ¿no creéis?

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