Timados

Gracias a los medios de comunicación los ciudadanos tenemos acceso a timos en el ámbito de lo público y de lo privado. De este modo, es normal que pongamos el acento en casos relevantes como los de Bárcenas, los ERE de Andalucía… pero hoy quiero tratar sobre otro tipo de timos, aquellos que padecemos a diario y que llegamos a elevar a la categoría de lo normal, cuando no lo son, y que no tenemos más remedio que aceptar.

En este elenco de timos disfrazados uno de los más notorios es el de las tasas de la ITV, ese trámite por el que tienen que pasar todos aquellos vehículos con más de cuatro años de antigüedad o, en el caso de los ciclomotores, cuando superan los tres años.

La finalidad fundamental de la ITV (Inspección Técnica de Vehículos) es la de comprobar que tanto el estado general de tu vehículo, como los elementos de seguridad, se encuentran en unas condiciones que te permitan seguir circulando sin que represente un peligro para sus ocupantes, el resto de usuarios de la vía pública o el medio ambiente. Hasta ahí estoy de acuerdo porque la filosofía es esencialmente buena, pero el tema ya no “mola” tanto cuando los importes por realizar ese trámite que requiere de un promedio de diez minutos de dedicación por parte de los operarios que lo dispensan, van de los 21,01 €, en el caso de las motocicletas, a los 45,31 € de los turismos diesel, o los 67,32 € de los vehículos pesados de más de 3.500 kg de peso. Un despropósito, ¡vaya!

De este modo, algo que responde a un planteamiento sensato se acaba convirtiendo en un atropello a los ciudadanos. La gente está dispuesta a cumplir co trámites de este tipo, pero no a sufrir un escarnio en sus bolsillos por algo que no vale eso. Es más, si me apuráis, hasta pienso que este protocolo debiera de ser gratuito en favor de una mayor seguridad de los ciudadanos.

Pero también participamos de otros timos como son los de la factura de la luz o del agua, que informan sobre nuestros consumos, pero que la mayoría no entendemos y que por tanto generan indefensión. Los ciudadanos necesitamos una factura de la luz que nos diga cuánto nos cuesta el consumo de luz de la televisión, de la lavadora, del lavavajillas…. y lo mismo con el agua, algo que nos permita tener un mínimo control sobre cómo consumimos. Las facturas que recibimos son la excusa perfecta porque cumplen con la ley, pero en ningún caso con la transparencia que demandamos los ciudadanos. Y quienes controlan este cotarro, lo saben perfectamente.

En otras ocasiones hablaré de más timos, también los que sufrimos en el mundo de la empresa, pero hoy quiero hacer uso de mis casi 18.000 seguidores en Twitter y todos aquellos que seguís mi blog para evidenciar estos clamoroso timos de guante blanco que tenemos que padecer muchas personas normales.

En adelante me seguirán timando como a vosotros, pero una cosa es que no tengamos más remedio que tragar y otra muy distinta es que seamos imbéciles, ¿no creéis? Espero que algún líder atienda demandas tan básicas como estas, en estos tiempo de nueva política que nos prometen.

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