Un día

Las personas tenemos la capacidad de adaptar nuestra mente con el fin de sufrir menos. Este mecanismo, que en ocasiones extremas es activado por nuestro cerebro reptiliano, hizo que, según los expertos, las personas que se tiraron al vacío cuando se incendió el World Trade Center de Nueva York a consecuencia de los atentados de 11 S tuviesen como objetivo final el prolongar la vida.

Pero el cerebro también busca salidas en situaciones que no son tan extremas. Son momentos en los que nos convencemos para demorar una decisión que no nos interesa tomar porque nos da miedo, no nos conviene, nos da pereza… y que vemos en su distracción y alargamiento la fórmula perfecta para no afrontarla. El problema viene cuando eso que demoramos sigue intacto, en la carpeta de asuntos pendientes, por mucho tiempo. De este modo, nos decimos cosas como: un día ordenaré ese cuarto, un día llamaré a tal amigo, un día haré tal viaje, un día comeré con mis padres en aquel restaurante, un día iniciaré aquel proyecto, un día, un día…. El resultado de esta filosofía vital ojalá pudiésemos pesarla para darnos cuenta, especialmente con las cosas que son importantes, de que proyectamos muchas más de las que hacemos.

El planteamiento no cabe duda de que está bien armado, pero no deja de ser una trampa porque en la mayoría de los casos a las personas que lo adoptan les pasan los años e incluso la vida, y la famosa carpeta sigue más o menos igual. De hecho, ¿cuántas personas llegan a la jubilación laboral con la intención de abordar todos esos asuntos pendientes? Y, dicho sea de paso, cuántos de ellos incluso fallecen sin empezar con el dorado guión que habían elaborado minuciosamente durante años.

Pongamos que vamos a romper con esa dinámica, pongamos que os concentráis en una cosa del tipo de las que os he hablado, pongamos que os compráis una agenda donde apuntarla y pongamos que en la primera página de esa libreta ponéis: Un día. Mejor dicho, lo ponéis y luego lo tacháis para poner: Hoy. Ese día quizás cambie vuestra forma de enfocar el fantástico viaje de la vida, al que hemos venido para hacer y no para apuntar, ¿no creéis? Lo de apuntar lo dejo para Manolo: Manolo, una de bravas y una cañita !!!

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *