Viajando con… Willy

El domingo por la noche estuve viendo una entrevista por televisión que no me dejó indiferente. Y es que yo soy de esos que no tienen reparos en confesar que ven la tele en general y no solo reportajes de animales, como hacen los que velan con esmero por su frágil imagen pública a base de mentiras, si fuese el caso. Incluso me mola ver a Paquirrín en las revistas del corazón cuando ocasionalmente voy al dentista.

La entrevista fue a Willly Toledo, dentro del programa, Viajando con Chester, un artista del que, para ser honesto, no recuerdo haber visto ninguna película y que asociaba con puntuales intervenciones en lo político, que no soy quien para juzgar.

La cuestión es que la habilidad de Pepa Bueno para conducir la entrevista permitió que el que brillase fuese el invitado y no el entrevistador, como sucedía en este formato en su edición anterior. Y brilló porque pese a que el incómodo mueble no lo facilitase mucho (siempre he creído que un diván de aquellos que utilizan los psicólogos es mejor opción para relajar al invitado), el entrevistado se atrevió a explicar que había pasado por una depresión en la que había renunciado a vivir temporalmente. De tal modo que detalló como se había guarecido en su casa durante unos meses en los que no quería hablar con nadie y porque tampoco tenía fuerzas ni motivos para enfrentarse a su futuro. Y que fue su madre la que le ayudó a salir del pozo.

Todo ello me pareció una exhibición de sinceridad de las que tocan la fibra, o por lo menos la mía, poco usuales en un medio de comunicación público, y a la que considero merecía dedicarle este artículo en mi blog.

Creo que todos podemos pasar por alguna depresión a lo largo de la vida, reconocida o no. Y no solo hay soluciones farmacológicas para salir de esas situaciones sino que afortunadamente siempre hay madres, padres o personas excepcionales que siempre están ahí para ayudar a dejar atrás estas situaciones. Personalmente no he pasado por ninguna de ellas, pero si algún día me sobreviniese, espero que mis seres queridos estén ahí para arroparme, como le ha pasado a Willy Toledo. Lo fantástico es que el ser humano, como decía Victor Frakl, siempre acaba encontrando algún motivo para querer vivir y todos nos merecemos tenerlo. Pero como también digo en El poder de la actitud, hay querer luchar por ello.

Willy, hasta el domingo no me molabas mucho porque no me creía el personaje que interpretabas, pero desde entonces, al quitarte la capa el barniz a tu actuación, creo que eres un ser humano mucho más grande, ¿no creéis?

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