Voluntad Verde

Un día de hace ya bastantes años me quedé muy preocupado cuando oí que la letra de una canción del mítico Roberto Carlos decía “… el gato que está triste y azul…” y creo que no es para menos, si uno lo piensa detenidamente. Pero aún fue más acentuada mi confusión cuando comprobé el éxito de la misma.

Observando que otras canciones también utilizaban palabras y expresiones incoherentes en sus composiciones, llegué a la conclusión de que todo lo que rodea el éxito o que se pone de moda, no es cien por cien explicable y que lo compramos como un lote.

Ya en el momento actual, se percibe una cierta tendencia a aplicar colores a cosas intangibles. Sin ir más lejos, lo de la actitud azul no deja de descolocarnos en este sentido y de tener su gracia, si uno se pone a analizarlo semánticamente como estoy haciendo.

Y en esta línea me he inventado el concepto, Voluntad Verde, que no es ni más ni menos que una manera sencilla de clasificar la voluntad de las personas en los entornos laborales. De este modo, utilizando los universales cromatismos de los semáforos de tráfico, he querido aplicar los mismos para que se entienda la diferencia entre las diversas voluntades que nos podemos encontrar en una empresa.

Los merecedores del distintivo, Voluntad Roja, serían aquellos que tienen un curro y no un trabajo. Que no les gusta especialmente lo que hacen. Que trabajan para sobrevivir. Que se saben sus derechos con extremado detalle, no dudan en exigirlos dado el caso, y que se olvidan con cierta facilidad de gestos a favor que otros les han hecho, sin estar escritos en ningún reglamento o ley. Que no tienen problemas de transmitir sus estados de ánimo y opiniones negativas a los demás, sin importarles el impacto emocional que esto pueda causar. Y que en resumen, suelen ser vagos categóricos.

En la clasificación de Voluntad Naranja coloco a todos aquellos que cumplen con sus obligaciones. Que se implican, pero no se comprometen. Que mezclan equilibradamente sus opiniones positivas con las negativas.  Y que mantienen una actitud normal en general frente a las cosas.

Por último, el distintivo Voluntad Verde se lo asigno a aquellas personas que les gusta lo que hacen. Que se comprometen con su trabajo. Que buscan mejorar en todo cuanto emprenden. Que saben sonreír. Que no suelen decir no cuando les pides un favor. Y que son un valor para las compañías porque todas sus actuaciones hacen que éstas sean mejores.

Ernest Shackleton fue un hombre con una Voluntad Verde, extraordinaria. Él fue un aventurero irlandés que logró sacar con vida a los 27 tripulantes de una expedición que creó para cruzar a pie la Antártida en 1914, tras dos años atrapados en el hielo en unas condiciones extremas. Y, sin lugar a dudas, creo que se trata de un buen ejemplo para que este concepto se entienda bien y prospere a la hora de valorar actitudes y climas laborales.

De este modo, las empresas que tienen muchas personas con Voluntad Verde, tienen un tesoro.

Con todo lo dicho, yo me apunto oficialmente desde hoy a la moda de aplicar colores a las cosas intangibles. No obstante, os recomiendo que cuando estéis frente a personas con Voluntad Roja, lo mejor es decirles a la cara lo que pensáis, por aquello de que más vale ponerse una vez colorado que mil veces amarillo. Y porque si no lo haces, acabas negro, que es mucho peor, ¿no creéis?

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