¿Cómo ser optimista?

Que ser optimista es mejor que ser pesimista, lo sabe todo el mundo. Que si nuestra mente piensa en clave positiva repercute en nuestro cuerpo y bienestar, también. Pero lo que muchas personas no tiene tan claro es qué tiene que hacer para ser más positivos, sin caer en la trampa de recetas mágicas de tres al cuarto. Así que daré alguna idea al respecto, de las que incluso yo mismo me aplico.

Una parte del optimismo nos viene por vía genética. No voy a entrar en aquello de los porcentajes, porque no me creo del todo ese tipo de cálculos, pero está comprobado que representa menos del cincuenta por ciento de nuestras posibilidades; lo que significa que lo de ser optimistas depende mayormente de nosotros y, en concreto, de nuestra actitud. Por tanto, llegados a este punto, creo que es merecido que sigáis leyendo el artículo.

Pero la clave del optimismo está en nuestra autoestima, que a su vez es alta o baja en función de cómo nos queramos, y de cómo valoremos lo que hacemos y lo que somos. Por tanto, se trata de tomar medidas para mantener el estado de ánimo alto. ¿Y qué es lo que hace que podamos tener el ánimo alto? Queridos amigos, como no podía ser de otra manera, también voy a ir al grano, pues básicamente son dos cosas: que confiemos en nosotros mismos y que nos pongamos retos.

¿Y cuáles son los principales enemigos para ser optimista? A mi modo de ver tres: el miedo, las preocupaciones y el exceso de obligaciones. Me refiero al miedo malo, no a aquel que nos protege de posibles peligros, sino a aquel que nos llega a bloquear o recorta nuestras posibilidades naturales, haciéndonos pensar que no podemos hacer algo. Por otro lado, las preocupaciones juegan un papel importante porque nos limitan pensando en problemas que no sabemos con certeza si surgirán en el futuro. Y por último, el exceso de obligaciones, como el pago de las hipotecas, pagos de todo tipo, etc que nos impiden disfrutar del presente y que curiosamente hemos sido nosotros los que hemos aceptado contraer. De este modo, la suma de todos ellos hacen un cocktail explosivo que no nos deja ninguna posibilidad para que seamos libres y elijamos, que es como las personas podemos desarrollarnos plenamente.

Pero además de confiar en nosotros y de fijarnos retos motivadores, conviene tener ciertos hábitos: hacer ejercicio físico para segregar endorfinas, relacionarse con personas positivas, dormir lo suficiente y, algo muy importante, reír.

No me enrollo más porque corro el riesgo de que no me hagáis caso, pero tan sólo os quiero recordar que se puede ser optimista, si se quiere. Y por si no tenéis abuela, os voy a recordar que sois fantásticos. Y si con eso no tenéis suficiente para daros ese primer empujón en positivo, pegaros un homenaje y dar amor a quienes os rodean, porque lo de dar siempre genera más alegría que el recibir y sus efectos son inmediatos, ¿no creéis?

3 comentarios
  1. charo says:

    Estoy totalmente de acuerdo con este artículo. Yo siempre digo que ser optimista no es garantía de nada, pero mientras te lo pasas mejor. Y ahora en serio, creo que si eres positivo atraes positividad y si piensas en negativo atraes cosas malas.
    Yo nunca fuí tan positiva como hasta ahora. Siempre decía, hace décadas, que yo era melancólica…por no decir negativa, que lo sentía yo como muy fuerte el concepto.
    En algún momento, algo cambió en mí y fuí consiguiendo cosas, luchando por ellas y ese subidón y esa emoción de haber dejado miedos a un lado y haber conseguido sueños…eso tiene una fuerza en la autoestima de uno mismo…BRUTAL!

    Un abrazo!!!

    Charo

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